04 junio 2013

bioenergética: la técnica de liberación emocional como apoyo del proceso de cambio



EFT es una innovadora técnica para eliminar problemas emocionales y físicos al re-equilibrar el sistema energético del cuerpo.
Sus siglas significan en inglés, Emotional Freedom Technique, es decir, Técnica de Liberación Emocional, siendo su aprendizaje fácil, al igual que su aplicación.
EFT ha sido descrita como “la acupuntura sin agujas para las emociones”. Tiene sus raíces en la antigua medicina china y en la ciencia moderna llamada Kinesiología Aplicada. La teoría básica es que “la causa de todas las emociones negativas es una interrupción en el sistema energético del cuerpo”. Al corregir esta anomalía a nivel energético la corregimos simultáneamente a nivel emocional. 


Los principios en que se fundamenta EFT los descubrió el Doctor Roger Callahan, un psicólogo clínico, quien se dedicó a investigar modos de sanar los miedos infundados, traumas, fobias. La motivación personal de haber padecido él mismo estos trastornos desde su infancia le llevó a descubrir su método que denominó TFT. Gary Craig, un ingeniero norteamericano y estudiante del Dr. Callahan, creó la técnica EFT, basada en los presupuestos de la TFT, pero refinando y simplificando el procedimiento. Desde su nacimiento en la década de los noventa, tanto EFT como TFT son objeto de serios estudios científicos, habiendo logrado ya una amplia aceptación, siendo materia de estudio en numerosas universidades.

EFT basada en la comprensión de los meridianos energéticos, utiliza una suave estimulación (llamada tapping) con las yemas de dos dedos sobre meridianos específicos en la cabeza y el tórax, para desbloquear el flujo de energía en el cuerpo, mientras el individuo piensa en un problema específico – ya sea una adicción, un dolor, un evento traumático, etc. – al tiempo que repite unas afirmaciones acerca del problema en cuestión. Este proceso elimina el cortocircuito o bloqueo emocional, desde el sistema de bioenergía corporal, restaurando el equilibrio de la mente y el cuerpo. Esta restauración en el equilibrio simplemente elimina los problemas emocionales. Sin embargo, como se sabe a partir de la psicosomática, que muchas de las enfermedades o molestias físicas resultan de aquellos problemas emocionales, directa o indirectamente también se verá aliviado el cuerpo físico.
EFT es una manera simple, rápida, respetuosa y efectiva de eliminar una amplia variedad de viejos y nuevos miedos, conflictos, fobias, comportamientos compulsivos y patrones de creencias insalubres pueden ser elaborados y en ocasiones, ser eliminados. Ciertamente, nunca deja de sorprenderme tanto en mí mismo como en mis clientes.

La Técnica de Liberación Emocional EFT es eficaz en restaurar nuestro bienestar emocional, logrando que relativicemos progresivamente la importancia de las situaciones y por lo tanto, una mayor disponibilidad para las nuevas oportunidades.
La aplicación de EFT es idónea contra los siguientes trastornos: Fobias y miedos - Trastorno de estrés post-traumático – Adicciones - Ansiedad – Depresión.
EFT restaura el equilibrio emocional en situaciones de:
  • Baja autoestima
  • Autocrítica o crítica externa
  • Celos
  • Resentimiento
EFT optimiza nuestro rendimiento intelectual, aportándonos:
  • Mayor rendimiento laboral y académico
  • Una fuente de bienestar emocional y físico
  • Un método de concentración y relajación instantánea

29 mayo 2013

transpersonal: la mirada del inconsciente en desarrollo



Freud dijo que la meta de la terapia era hacer consciente lo inconsciente. Verdaderamente, hizo de este postulado el núcleo de su trabajo como teórico. 

Carl Jung, joven colega de Freud, se dedicó a la exploración del “espacio interno” a través de todo su trabajo. Se lanzó a la tarea equipado con los antecedentes de la teoría freudiana, por supuesto, y con un conocimiento aparentemente inagotable sobre mitología, religión y filosofía. Pero era especialmente audaz en el simbolismo de tradiciones místicas complejas tales como gnosticismo, alquimia, cábala y tradiciones similares en el hinduismo y el budismo.

Jung estuvo muy interesado en cuestiones relacionadas con la muerte, con el territorio de los muertos y el renacimiento de los mismos. Para él, esto representaba el inconsciente mismo. No aquel “pequeño” inconsciente del que Freud hizo tan grande, sino un nuevo inconsciente colectivo de la humanidad. Un inconsciente que podía contener todas las muertes, no solo nuestros fantasmas personales. Jung empezó a considerar que los enfermos mentales estaban poseídos por estos fantasmas, en una época donde se supone que nadie creía en ellos. Con el solo hecho de “recapturar” nuestras mitologías, entenderíamos estos fantasmas, nos sentiríamos cómodos con la muerte y así superar nuestras patologías mentales.

Los críticos han sugerido que Jung estaba simplemente enfermo cuando todo esto ocurrió. Pero Jung creía que si queremos entender la jungla, no nos podemos contentar con solo desplazarnos por sus alrededores. Debemos entrar en ella, no importa cuán extraña o aterradora pueda verse.

La teoría de Jung divide la psique en tres partes. La primera es el Yo, el cual se identifica con la mente consciente. Relacionado cercanamente se encuentra el inconsciente personal, que incluye cualquier cosa que no esté presente en la consciencia, pero que no está exenta de estarlo. El inconsciente personal sería como lo que las personas entienden por inconsciente en tanto incluye ambas memorias, las que podemos atraer rápidamente a nuestra consciencia y aquellos recuerdos que han sido reprimidos por cualquier razón. La diferencia estriba en que no contiene a los instintos, como Freud incluía.

Después de describir el inconsciente personal, Jung añade una parte al psiquismo que hará que su teoría destaque de las demás: el inconsciente colectivo. Podríamos llamarle sencillamente nuestra “herencia psíquica”. Es el reservorio de nuestra experiencia como especie; un tipo de conocimiento con el que todos nacemos y compartimos. Aún así, nunca somos plenamente conscientes de ello. A partir de él, se establece una influencia sobre todas nuestras experiencias y comportamientos, especialmente los emocionales; pero solo le conocemos indirectamente, viendo estas influencias.

Existen ciertas experiencias que demuestran los efectos del inconsciente colectivo más claramente que otras. La experiencia de amor a primera vista, el deja vu (el sentimiento de haber estado anteriormente en la misma situación) y el reconocimiento inmediato de ciertos símbolos y significados de algunos mitos, se pueden considerar como una  conjunción súbita de la realidad externa e interna del inconsciente colectivo. Otros ejemplos que ilustran con más amplitud la influencia del inconsciente colectivo son las experiencias creativas compartidas por los artistas y músicos del mundo en todos los tiempos, o las experiencias espirituales de la mística de todas las religiones, o los paralelos de los sueños, fantasías, mitologías, cuentos de hadas y la literatura.

Un ejemplo interesante que actualmente se discute es la experiencia cercana a la muerte. Parece ser que muchas personas de diferentes partes del mundo y con diferentes antecedentes culturales viven situaciones muy similares cuando han sido “rescatados” de la muerte clínica. Hablan de que sienten que abandonan su cuerpo, viendo sus cuerpos y los eventos que le rodean claramente; de que sienten como una “fuerza” les atrae hacia un túnel largo que desemboca en una luz brillante; de ver a familiares fallecidos o figuras religiosas esperándoles y una cierta frustración por tener que abandonar esta feliz escena y volver a sus cuerpos. Quizás todos estamos “programados” para vivir la experiencia de la muerte de esta manera.

Jung nos brinda tres principios. El primero de ellos es el principio de los opuestos. Cada deseo inmediatamente sugiere su opuesto. Por ejemplo, si tengo un pensamiento positivo, no puedo dejar de tener el opuesto en algún lugar de mi mente. De hecho, es un concepto bastante básico: para saber lo que es bueno debo conocer lo malo, de la misma forma que no podemos saber lo que es negro sin conocer lo blanco; o lo que es alto sin lo bajo.

De acuerdo con Jung, es la oposición la que crea el poder (o libido) del psiquismo. Es como los dos polos de una batería, o la escisión de un átomo. Es el contraste el que aporta la energía, por lo que un contraste poderoso dará lugar a una energía fuerte y un contraste débil provocará una energía pobre.

El segundo principio es el principio de equivalencia, donde la energía resultante de la oposición se distribuye equitativamente en ambos lados. Bueno, eso depende de la actitud que uno tome con respecto a ese deseo no satisfecho. Si mantenemos ese deseo de forma consciente, es decir, que somos capaces de reconocerlo, entonces provocamos un aumento de calidad en el funcionamiento psíquico y crecemos. 

Si por el contrario, pretendemos negar que este pensamiento estuvo ahí y lo suprimimos, la energía se dirigirá hacia el desarrollo de un complejo. El complejo es un patrón de pensamientos y sentimientos suprimidos que se agrupan (que establecen una constelación) alrededor de un tema en concreto proveniente de un arquetipo. O si un hombre niega su lado emocional, su emocionalidad puede encontrar su forma de expresión dentro del arquetipo de anima.

Aquí es donde empiezan los problemas. Si pretendemos que en toda nuestra vida somos absolutamente buenos, que ni siquiera tenemos la capacidad de mentir y engañar, de robar y matar, entonces cada vez que seamos buenos, nuestra otra parte se consolidará en un complejo alrededor de la sombra. Ese complejo empezará a tomar vida propia y te atormentará de alguna manera. 

Si el complejo dura mucho tiempo, puede llegar a “poseerte” y puedes terminar con una personalidad múltiple. En la película “The Three Faces of Eve” (Las Tres Caras de Eva), Joanne Woodward daba vida a una mujer dulce y retraída que eventualmente iba descubriendo que salía a la calle los sábados en la noche, asumiendo una identidad contraria. No fumaba, y sin embargo encontraba paquetes de cigarrillos en su bolso; no bebía, más se levantaba con resaca y no flirteaba con hombres, aunque encontraba ropas en su habitación de lo más sexy. Es importante decir aquí, que a pesar de que el trastorno de personalidad múltiple es raro, cuando aparece no tiende a presentarse de una manera tan extrema.

El último principio es el principio de entropía, el cual establece la tendencia de los opuestos a atraerse entre sí, con el fin de disminuir la cantidad de energía vital a lo largo de la vida. Jung extrajo la idea de la física, donde la entropía se refiere a la tendencia de todos los sistemas físicos de solaparse; esto es, que toda la energía se distribuya eventualmente. Si, por ejemplo, tenemos un calefactor en la esquina de una habitación, con el tiempo el salón completo se calentará.

Cuando somos jóvenes, los opuestos tienden a ser muy extremos, malgastando una gran cantidad de energía. Por ejemplo, los adolescentes tienden a exagerar las diferencias entre sexos, siendo los chicos más machos y las chicas más femeninas, por lo que su actividad sexual está investida de grandes cantidades de energía. Además, estos oscilan de un extremo a otro, siendo locos y salvajes en un momento y encontrando la religión en otro.

A medida que nos vamos haciendo mayores, la mayoría de nosotros empieza a sentirse cómodos con nuestras facetas. Somos un poco menos idealistas e ingenuos y reconocemos que somos una combinación de bueno y malo. Nos vemos menos amenazados por nuestros opuestos sexuales y nos volvemos más andróginos. Incluso, en la edad de la vejez, las mujeres y los hombres tienden a parecerse más. Este proceso de sobreponernos por encima de nuestros opuestos, el ver ambos lados de lo que somos, es llamado trascendencia.

La meta de la vida es lograr un self. El self es un arquetipo que representa la trascendencia de todos los opuestos, de manera que cada aspecto de nuestra personalidad se expresa de forma equitativa. Por tanto, no somos ni masculinos ni femeninos; somos ambos; lo mismo para el Yo y la sombra, para el bien y el mal, para lo consciente y lo inconsciente, y también lo individual y lo colectivo. Y por supuesto, si no hay opuestos, no hay energía y dejamos de funcionar. Evidentemente, ya no necesitaríamos actuar.

Si intentamos alejarnos un poco de las consideraciones místicas, sería recomendable que nos situáramos en una postura más centralista y equilibrada de nuestra psique. Cuando somos jóvenes, nos inclinamos más hacia el Yo, así como en las trivialidades de la persona. Cuando envejecemos (asumiendo que lo hemos hecho apropiadamente), nos dirigimos hacia consideraciones más profundas sobre el self y nos acercamos más hacia una comprensión más global y esencial de la gente, de la vida y del mismo universo. La persona que se ha realizado, es decir, que ha desarrollado su sí mismo su self, es de hecho menos egocéntrica.

El equilibrio o balance de los opuestos ha encontrado también su contraparte en otras teorías. Autores como Alfred Adler, Otto Rank, Andreas Angyal, David Bakan, Gardner Murphy y Rollo May hacen referencias a la búsqueda de un equilibrio entre dos tendencias opuestas, una dirigida al desarrollo individual y la otra hacia el desarrollo del interés social o compasión. 

Jung tiene mucho en común con los humanistas y existencialistas. Jung cree que estamos hechos para el progreso, para movernos en una dirección positiva, no solamente con un fin adaptativo, como los freudianos y los conductuales defienden. Su idea final del proceso vital es muy similar a la autorrealización. 
 

08 mayo 2013

bioenergética: otra manera de atender las emociones del adolescente

En la adolescencia nuestros hijos se enfrentan a multitud de cambios físicos, psicológicos, sociales y emocionales. Tienen que dejar atrás la infancia para entrar en la edad adulta.

La necesidad de sentirse parte de un grupo y la aceptación en el mismo cobra una gran importancia para el adolescente, de niño su grupo social era primordialmente la familia y ahora necesita formar parte de un grupo formado por sus iguales. Este hecho puede provocar el rechazo a los padres, que ayudaremos con BEECH-haya.

Cada niño hará lo posible para adaptarse al grupo y adoptara el papel que mejor le resulte: si intenta complacer, imitando, complaciendo exageradamente a todos o a algún miembro que considere influyente incluso tolerando maltrato o vejaciones, el remedio apropiado será CENTAURY-centaura, PINE-pino, CHESTNUT BUD-brote de castaño blanco. Si tiene problemas debido a la timidez, hace esfuerzos por relacionarse pero a menudo se retrae, aísla, se siente intimidado por otros más efusivos, podemos apoyar tomando MIMULUS-mimulo, WALLNUT-nogal. Si no sabe que viento le sopla y hace cuanto le dicen, CERATOceratostigma. Si se ha convertido en el payaso del grupo deberemos pensar en AGRIMONY-agrimonia o MIMULUS-mimulo.

Si se ha convertido en el líder del grupo y desafía abiertamente las normas de los padres y profesores, tiene pocos escrúpulos y no duda en utilizar a sus allegados con fines meramente personales, podríamos pensar en VINE-vid, este remedio les conferirá algo de bondad convirtiéndole en un líder provechoso. Para sus “súbditos” mas entregados, aquellos que se encargan de hacer cumplir la ley dictada por el líder, los que pelean por las ideas del grupo, los que se movilizan por la causa, les sugeriremos VERVAIN-verbena, para que calmen su ansiedad de cambiar el mundo y se lo tomen con mas calma. 

Si siempre quieren ser el centro de atención, hablando por los codos con cualquiera que pase por alli, sin importarle demasiado la opinión ajena, entraría en acción HOLLY-acebo. Este autocentramiento puede esconder un terrible vacío emocional, un gran miedo a la soledad y el posible abandono.

Si se sienten rechazados o excluidos pueden originar reacciones diferentes. Si se sienten incomprendidos, agraviados por el mundo pueden generar sentimientos de rencor WILLOW-sauce. Si además se convierten en unos aguafiestas, WILLOW-sauce. Si generan rabia, violencia, desconfianza, celos, HOLLY-acebo. Si se convierten en súper criticones, BEECH-haya. Si son aparentemente serviciales, se hacen los imprescindibles, pero en el fondo son manipuladores y utilizan el chantaje emocional para retener a sus amistades, CHICORY-achicoria. 

Cuando se dan por vencidos, aceptando que no forman parte de ningún grupo, pueden desarrollar estrategias diferentes, que van desde la depresión, a pensar en MUSTARD-mostaza, GORSE-aulaga, GENCIAN-genciana, LARCH-alerce; la apatía HORNBEAM-hojarazo, WILD ROSE-rosa silvestre; o pueden optar por crearse su propio mundo CLEMATIS-clemátide, WATER VIOLET-violeta de agua. 
Estos roles que se adoptan en la infancia y se asumen en la adolescencia nos acompañaran el resto de nuestras vidas, marcando nuestra personalidad, de ahí la importancia de este periodo. Las esencias florales les pueden ser muy útiles, siempre formuladas de manera personalizada.

11 marzo 2013

transpersonal: servir como forma de vivir

SERVIR, CIENCIA DE LA CREACIÓN

Como nieve derretida por el sol, el agua abundante de la vida fluye por la gracia de...l amor. Sin el sol del amor el potencial de la vida se queda congelado. Sin la magia del servicio que pone el amor en movimiento, toda vida pierde su sentido. Para qué servimos ? La respuesta a esta pregunta es el mismísimo sentido de la vida. Porque vinimos a servir. Quien no vive para servir, no sirve para vivir. Servir es la clave para hacer el vacío. Servir es el secreto de la plenitud. No hay abundancia mayor que la de darse, ni libertad más grande que la de entregarse. Servir es la ciencia sagrada de la creación.

Todos los elementos de la tabla periódica constituyen el alfabeto básico del lenguaje de la evolución y cada uno está hecho de las mismas partículas subatómicas, de la misma esencia que va fluyendo- sirviendo con sus propiedades- para generar moléculas, tejidos, órganos, organismos y esos organismos mayores que son sociedades y civilizaciones. Todo, todos, nosotros incluidos, está hecho de esa misma esencia primigenia, que cada instante emerge del vacío en forma de partículas elementales. Todo surge del vacío y a él regresa para renovarse. En el vacío cada ola se convierte en mar, cada cosa se conecta no localmente con todas las demás. Desde el vacío todo emerge entretejido al universo, unido a la gran cadena de la vida, en la que todos somos con la tierra un gota del río estelar de la conciencia.

Sólo los poetas pueden expresarlo en palabras, cuando conectados con el alma como Blake, ven un universo en un grano de arena, o cuando, conmovidos, como Juan de la Cruz, nos dicen : … “ y se quedó mi sentido de todo sentir privado, y el espíritu dotado de un entender no entendiendo, toda ciencia trascendiendo” .
Ese paradójico sentimiento de sentir la eternidad en el instante y lo infinito en la partícula es el fruto de un viaje interior que conduce de los sentidos al sentido, de las apariencias a la esencia, de los valores de tener al valor invaluable del ser que habita en la paz de nuestra pausa. El ser habita en el vacío y su potencial se revela con el dar. Nos renovamos, somos, en ese continuo renacer que nos hace nuevos cada instante cuando, al darnos, hacemos el vacío. Recibimos renovado, enriquecido, lo que damos. Recreamos el infinito potencial del ser cuando morimos en el darnos.

Como padres madres, hijos, hermanos, aprendices, fluimos con nuestros atributos particulares para ser afluentes del río de la vida. Los pequeños manantiales de la familia fluyen a los afluentes de las sociedades que se van reuniendo en este río que llamamos humanidad. Vamos donde vamos, por la gracia de todos los otros. El agua, que también somos, nos ha servido como un precioso cristal líquido para portar esa vida que florece por nosotros. Hasta los virus se han incorporado en nuestro genoma para contribuir a lo que somos, y las bacterias se plasmaron en las mitocondrias para servirnos con el fruto de la respiración celular, esa inteligencia adaptativa de centenares de millones de años de evolución.

Cada partícula, cada instante, cada cosa, todo todo, es lo que es porque sirve. Has servido hoy? Has vivido hoy? Entonces también hoy has sido. Cuando no te entregas te encadenas. Cuando no te das no puedes recibir. Sin vacío no hay plenitud posible. El mejor modo de encontrar la felicidad es hacer felices a otros. La mayor seguridad es la de no tener nada que perder, y sólo pierdes realmente aquello que no das. Sirve, únete hoy a la gran cadena de la vida y siente el potencial de ese amor en movimiento que va tejiendo la gota al océano, el átomo a las galaxias y tu propia humanidad al alma humana.

Jorge Carvajal

10 agosto 2012

sistémica: el psicodrama, una via creativa para la resolución de conflictos


Las Técnicas Psicodramáticas son muy útiles de cara a la gestión de conflictos, ya sean grupales como interpersonales. Deben ser desarrolladas con sensibilidad, amoldándose a los contextos y situaciones donde se considere oportuno utilizarlas. Se debe aclarar que se abre un espacio protegido con el respeto y con el consentimiento de los protagonistas.
Es muy importante que los participantes estén predispuestos, con emergentes propios del proceso de conflictos, para que en el desarrollo del trabajo vuelquen contenidos que posteriormente se comentaran en una etapa de procesamiento.
Del amplio campo de la intervención para fomentar la espontaneidad, nuevas conductas y modos de vinculación, cabe destacar las siguientes formas de utilizar algunas técnicas:

- Intercambio o inversión de roles: Para conflictos entre varias personas, cada una actuará durante un tiempo representando el comportamiento del otro, para pasar del estoy en mi lugar al me pongo en tu lugar desde el punto de vista de tus sentimientos y experiencias. Se procurará que en este intercambio no haya interrupciones ni paradas para permitir que el trabajo fluya desde posiciones que les separan hacia los intereses que les acercan.

- Esculturas o imágenes: Utilizando el cuerpo se muestra contenidos personales difíciles de exponer y liberar verbalmente. La palabra sólo aparece para aclarar mensajes que con la expresión gestual y corporal han tomado forma. De este modo, se puede ir poco a poco evolucionando de una imagen a otra.

- Soliloquio: Sirve para expresar lo que se piensa o siente en ese momento concreto. Por ejemplo, si se observa que un participante tiene un puño cerrado, o si le está temblando una pierna, el facilitador le podría pedir si puede hablar de los contenidos que se están abordando pero como si se expresase esa parte de su cuerpo para cerciorarse de si su comportamiento es aceptado internamente.

- Espejo: La herramienta del espejo se fundamenta en ocupar el lugar del otro para que observe su postura y así pueda reconocerse a sí mismo a través del otro. Es útil al reflejar e indagar sobre los sentimientos que han afectado a la persona.

- Doble: Consiste en adoptar la postura, tensión corporal y expresión facial estando al lado o poniendo las manos en los hombros de la persona que en ese momento tiene el foco dramático, para expresar lo que se percibe que no manifiesta ese protagonista para intentar completar el modo de relación. Hay que tener mucho cuidado de no aportar elementos propios al expresar lo que el otro no hizo por inhibición, bloqueo, temor o desconocimiento.

- Objetos Intermediarios e intraintermediarios: Su utilización sirve, por un lado, para restablecer la comunicación del facilitador con una de las partes y por otro, para mejorar la expresión y la creatividad al “relajar el campo tenso” respectivamente. Se pueden utilizar como portadores de un rol, así como para aportar lenguaje simbólico alternativo al visual y al gestual; como una prolongación, refuerzo o extensión de la persona y sus habilidades. Además de favorecer la aparición y evidencia de aspectos ocultos en los sistemas vinculares. Algunos típicos son los títeres, mascaras, telas, cuerdas, papeles, bolsas, pinturas, plastilina, cojines, etc.

- Complementariedad de roles: Es una técnica que sirve para aportar lo que falta en la relación y facilitar el desarrollo de un rol o vínculo determinado. A través de la misma se pretende tomar conciencia de las diferencias entre las contradicciones en las confrontaciones de competitividad y las versiones complementarias de colaboración, la negociación o la gestión del conflicto.

- Multiplicación dramática: Es la puesta en acción sucesiva de una misma situación por partes de las distintas personas presentes que aportan su perspectiva personal sumando múltiples puntos de vista. Se puede realizar para expresar diversas soluciones o aportar riqueza en el intercambio de puntos de vista ante una misma situación. Para mí es la herramienta más potente al tiempo que creativa del proceso. Es una puerta inigualable para la entrada al inconsciente colectivo, al alma grupal.

- Role-playing pedagógico: Es un juego de roles activo de aprendizaje significativo de nuevas vinculaciones ante situaciones reales, deseadas, temidas, etc. Se utiliza para perfeccionar un rol poco efectivo, para cambiar un rol inadecuado; o bien para crear un rol ausente, mediante el juego de “aciertos y fallos” en progresiva dificultad hasta la satisfacción.

- Escenas intermediarias: Consiste en detener una escena central significativa, a partir de la cual se pasa a construir las previas y las posteriores. Su objetivo es sintetizar el conflicto o el relato a partir de una escena estática y, además, poder obtener una secuencia de imágenes que permitan comprender la historia del conflicto y sus perspectivas. Si es necesario se pueden añadir más escenas anteriores y posteriores. Después se pasa a repetir la historia cronológicamente, al tiempo que el protagonista hace un relato verbal de las mismas.

La sutileza y al mismo tiempo la potencia de las Técnicas Psicodramáticas requieren que el facilitador esté muy seguro de su correcta utilización y si es pertinente realizarlas en el grupo de trabajo. Todo surge de la vinculación previa a las personas, de la complicidad y entrega al trabajo y por supuesto de una buena preparación, que como dirían los psicodramatistas argentinos un buen caldeamiento.

06 agosto 2012

humanista: el enigma del proceso terapéutico


Cuando pensamos en la elaboración del diagnóstico como profesionales de la salud, inevitablemente se establece un diálogo entre lo objetivo y subjetivo del individuo, de la relación, de la vida. 

Analizando la definición de diagnóstico diferencial tomada desde una perspectiva médica, observamos la necesidad de identificar el proceso patológico mediante la exclusión de otras posibles causas para encuadrarlo correctamente en la clínica. Para que las hipótesis sean válidas deben tener una consistencia lógica y fundamentación científica, por lo tanto, la posibilidad de ser contrastado empíricamente. Hoy en día, recuperando la sabiduría de la tradición, también se contempla la sensibilidad y experiencia intuitiva como herramientas no sólo necesarias sino tan importantes como las bases científicas. En el marco de esta interacción sensible es precisamente donde se establece el vínculo por un contacto en presente, un contacto desde lo humano que me acerca y me identifica. Por ello, quizás la clasificación nosológica pueda ser más un obstáculo que una ayuda en el devenir de la intervención. Si bien, para la contrastación con otros profesionales es una ayuda, en el momento de estar frente al individuo que sufre, la interferencia mental debería de minimizarse para entrar en el código del sentir. En la intimidad, en contacto con uno mismo, quizás con el sí-mismo, la escucha desde el cuerpo vibrátil, desde el corazón, que permite iniciar el camino hacia la autenticidad que sana. 

Al preguntarme qué es para mí el diagnóstico en un acompañamiento terapéutico, me surgieron las siguientes palabras: “El diagnóstico es la visión integrada e individualizada de la estructura de la personalidad, considerando el modo de pensar, sentir y actuar del individuo en cuestión frente a su entorno, de modo que permita concretar la intervención para que en un futuro sea capaz de realizar los cambios que se propone”. No es necesario compartir la misma visión con otros profesionales, de hecho, no creo que exista un único modo de enfocar la elaboración del diagnóstico y en la riqueza de perspectivas es donde evolucionamos, es donde se nutre y beneficia el paciente. Sin embargo, es importante el tener una concepción propia desde la que comenzar la indagación, es decir, tener claro cuál es la concepción personal de diagnóstico. 

Todo ser humano tiene un sistema de creencias que se ha ido forjando al fuego vivo de encuentros y desencuentros, en la fragua de la vida en grupo. Es precisamente en la relación con los otros donde nos reconocemos pero también donde perdemos fácilmente la libertad de ser nosotros mismos. Cada idea que nace y perdura en nuestra mente, va asociada a un modo de sentir en relación al mundo interno y externo. De esa suma de ideas y sentires, que son nuestras creencias, se proyectan nuestras decisiones como flechas que intentan buscar con voluntad un objetivo. En el proceso, quizás ni la voluntad, ni el objetivo tienen tanta fuerza, pero la decisión ya está tomada pues la creencia ya forma parte del individuo. Ante tal situación inevitable, no tiene sentido desesperarse sino escoger bien la decisión adecuada. Las decisiones pueden ser autopotenciadoras o autolimitadoras. Como su nombre indica las primeras despiertan y pulen el potencial humano que disponemos para desarrollar, mientras que las segundas nos acercan cada día más al guión de vida forjado por el Vulcano que llevamos dentro. En ese vaivén entre la autonomía y los estados regresivos, podemos intervenir para redecidir en qué queremos seguir creyendo.

La elaboración del diagnóstico nunca es concluyente, ya que estamos en continuo cambio y la postura humilde del terapeuta debe centrarse en la escucha y no tanto en la constatación de sus hipótesis. La tendencia a confirmar el presupuesto me hace pensar en un rebusque mental de consulta, un pensamiento y como tal ligado a un sentimiento al respecto, que puede llegar a parasitar el proceso por la necesidad de tener un modelo mental sobre el que actuar. Además, detrás de cada creencia hay siempre una referencia histórica que desencadenó ese pensamiento. Esto es un mecanismo al que debe estar atento el terapeuta tanto de su paciente como de sí mismo. Respecto a la evaluación del paciente, observamos la enfermedad como un fenómeno en continua adaptación. Así, a mayor grado patológico podemos inferir que la capacidad de adaptación ha disminuido, con el consecuente dolor y decisiones autolimitadoras. Sin embargo, dentro del sistema de equilibrio dinámico homeostático que rige la vida, tenemos que tener en cuenta que la persona está en un determinado estado momentáneo, pero es mucho más que eso, el Ser va más allá del desequilibrio del momento.

Podría decirse que el desarrollar un diagnóstico es un continuo devenir entre la observación y la indagación donde la curiosidad necesita estar siempre presente para descubrir es estado actualizado del paciente. En realidad, podría tratarse de la simple descripción sintética de la historia de vida compartida en la intimidad de la relación terapéutica. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta que si por darle prioridad al diagnóstico se pierde el contacto, dejará de existir la terapia, como acto de cuidado relacional. En definitiva, será el encuadre lo que determinará que el flujo de ese devenir adquiera consistencia. Incluso más, el contrato proporcionará la seguridad por ambas partes de saber en qué dirección se avanzará, con un propósito y una voluntad claras.

El ritmo de la terapia es bajo mi punto de vista el gran secreto de un vínculo fuerte y saludable. El grado de implicación dependerá de la empatía establecida y de la capacidad de comunicación de la sensibilidad implicada en el proceso. Cuando se encuentra el ritmo correcto, aparece esa danza de cooperación, sentida, vinculante, donde los procesos defensivos internos del paciente disminuyen y la esencia de la persona aflora como un manantial de agua fresca. Pero hasta conseguir ese brote de agua más clara se han de ir salvando los recovecos que dejaron de permitir la libertad de acción.
En la práctica clínica aparecen dos polos bien diferenciados en relación a la falta de control flexible y consciente, es decir, del control neopsíquico, son la impulsividad y la sobreadaptación. Al indagar sobre los resultados de tales conductas, de su fenomenología, la complejidad de las transacciones en la interacción social y la historia del individuo, aparece el estado simbiótico como medio de existencia. En este patrón estable pero totalmente dependiente, la contaminación y exclusión de los estados del yo mantiene al adulto fuera de acción. El terapeuta, entonces, puede correr el riesgo de entrar en el juego y acabar por tomar la decisión por el paciente ya que las conductas pasivas no tienen otro impulso que mantener la identidad simbiótica. 

En la impulsividad, la respuesta más común es la predictibilidad del modus vivendi “yo soy así” evitando cualquier posible reflexión y el miedo de encontrarse con el diálogo interno para dirigirse a la congruencia, sin entrenar, de su adulto. Por otro lado, están la continuidad y la protección que supone mantener ese impulso en un discurso de “es lo que se espera de mí y así no me atosigan”. Este brote incesante que aparece en conductas reiterativas es el falso brote que puede ocultar la afluencia de ese manantial del Ser que se busca en todo proceso de cambio. 

En la sobreadaptación, el diálogo ente el estado del yo Padre y Niño aparece igualmente marcado, anulando la intervención del Adulto. En ocasiones, se actúa bajo la norma de los supuestos sociales y el Padre Crítico toma el control; en otros casos, las necesidades del otro se viven como más importantes que las propias dando el poder de control al Niño Sumiso. Es curioso observar estas dos conductas en el día a día y darse cuenta hasta qué punto se ha llegado a naturalizar, valorar y premiar. Deberíamos preguntarnos más a menudo si las estructuras sociales que tomamos como guías nos conducen a nuestra autonomía o nos conducen a la dependencia. Posiblemente, cuando el modelo de amar que hemos adquirido vaya adquiriendo mayor libertad, estaremos en una comprensión de la vida más apropiada, más responsable y consciente.

En síntesis, el trabajo en el proceso terapéutico es escuchar las creencias, la posición de vida en las relaciones y el sistema de intercambio de caricias para tener una idea general del patrón de adaptación desarrollado. El objetivo siempre es llegar a comprender desde el Adulto, valorando la mejor opción en el proceso de aprendizaje continuo. Es necesario, también, empatizar con el estado del yo Niño y ofrecer la comprensión y seguridad que requiera el individuo según se estructura de personalidad, al mismo tiempo que recactetizar el Padre. El sentimiento amoroso acompañará la experiencia de catectizar, en la medida en que es un proceso por el cual algo llega a ser importante para nosotros. Según esta propuesta, una vez comprendido amorosamente, los valores y normas del Padre serán cargados con nuestra energía renovada. Sin embargo, no hay que confundir la catexia con el amar. Ciertamente es mejor amar con sentimientos de amor y catexia, pero es posible amar sin estos elementos y es ahí donde el verdadero amor trasciende. La clave es la voluntad de promover el crecimiento personal, en una cooperación consciente.
La dedicación es la piedra angular de la relación psicoterapéutica.

30 julio 2012

bioenergética: el inconsciente en el cuerpo

La bioenergéica es una técnica terapéutica que ayuda al individuo a reencontrarse con su cuerpo en una aventura de autodescubrimiento. Según esta visión, los procesos energéticos determinan tanto lo que ocurre en la mente como lo que ocurre en el cuerpo.

Su nombre nos determina su marco de referencia y de intervención, la energía de vida. La bioenergética en el ser humano una energía fundamental que circula por nuestro cuerpo. La interrupción de su libre flujo es lo que provoca la mayoria de las disfunciones y dolencias, bien por estancamiento y acumulación o por fuga y por lo tanto disminución, que en términos técnicos, llamamos depleción. Esta energía fue llamada Chi por los chinos, Prana por los hindúes. Ellos, precisamente, desarrollaron formas extremadamente eficaces de comprensión y tratamiento de tales disfunciones a partir de la experimentación a través de miles de años.

Desde mi práctica a lo largo de varios años, en colaboración con mis maestros y compañeros de práctica, entendemos que no existe una sola bioenergética, sino varias concepciones que identifican y trabajan a partir de una energía principal, esencial. No es claramente una aportación a la salud reciente, pues son miles de años, como antes se mencionaba, de práctica que afianzan su intervención, aunque en la actualidad se han afianzada en occidente sus conceptos gracias a la luz aportada por la física cuántica. Tampoco es una técnica alternativa, en cuanto que minoritaria o secundaria, sino complementaria a la visión alopática, naturista y psicológica. Del entendimiento de estas sencillas propuestas, devendrá una mayor colaboración y beneficio para la conservación de la salud en cada uno de nosotros.

A lo largo de la historia de Occidente, varios investigadores de las Ciencias de la Salud entendieron y estudiaron este energía fundamental. Hipócrates, considerado padre de nuestra medicina occidental, hablaba de un Fluido Medicatrix, a lo que siguieron una larga lista de científicos en diferentes épocas como Paracelso, Mesmer, Galvani, Berson, entre otros. Al final del siglo XIX, el médico psiquiatra Sigmundo Freud, formuló una importante teoria a partir de sus estudios sobre la histeria, mostrando que existia una relación fundamental entre las enfermedades y la energía emocional. Freud enunció: "si la energía fuese descargada, la dolencia física no ocurriria". Denominó a esa energía Libido y formuló un incipiente mapa enegético corporal, localizando lugares de mayor concentración de esa energía en el cuerpo, llamandoles zonas erógenas. De alguna manera se sembraron los incios de identificación del inconsciente en el cuerpo.

Wilhem Reich, concentró sus estudios en completar y avanzar desde la teoría de la Líbido. Después de fuertes críticas, persecuciones y exilio, el trabajo de Reich fructificó en una riquísima teoría que sería la base para un amplio abanico de psicoterapias corporales. Reich llamó Orgón a esa energía vital que está presente en nuestro organismo así como en el espacio que nos rodea y contiene. Reich desarrolló aparatos capaces de trabajar a partir de esta energía, especialmente en casos de cáncer, sobre lo que investigó duramente durante años y puede ser leido en su libro La biopatía del cáncer. Observó que cuando esta energía fluia libremente por el cuerpo aportaba sensaciones de amor y placer, proporcionando un estado de salud vibrante y espontaneidad legítima. Pero también notó que cuando las amenazas y prohibiciones bloqueaban este curso energético libre, aparecían tensiones musculares asociadas a emociones como el miedo, la tristeza, o sensaciones como la angustia y la ansiedad. El mantenimiento continuado de estos estados provoca contracciones crónicas de los tejidos, a lo que le dió el nombre de corazas musculares. Estas corazas forman anillos de tensión en el cuerpo, llamados a su vez segementos. Reich identificó siete anillos de coraza: ocular, oral, cervical, torácico, diafragmático, abdominal y pélvico. Las técnicas de desbloqueo incluyen una lectura corporal al mismo tiempo que una serie de ejercicos y masajes creativos y muy efectivos. Su concepto fundamental de la existencia de una unidad corporomental es cada vez más aceptada en Occidente. Por ejemplo, una miopia no es tan sólo un problema ocular, también una determinada manera de ver el mundo, que implica unos trazos de personalidad específicos. Si no tratamos el cuerpo como un todo posiblemente prevalecerán los síntomas en el tiempo y dificilmente conseguiremos conectar con la causa fundamental de la sintomatología.