Nuestro Dios es amor dicen las escrituras sagradas. ¿Amamos?
Y al prójimo como a ti mismo, reza un conocido mandamiento del amor. Nos amamos?
Utilizado el amor para justificar el odio, confundido el amor con el
placer, convertido en herramienta del chantaje y el poder, vivimos hoy
una crisis de sensibilidad y de sentido que nos lleva a reconocer
dolorosamente cuánto hemos huido de nosotros mismos
Dolorosamente constatamos las guerras fratricidas, las mil y una
guerras ganadas, inútilmente perdidas, el hambre del hombre
taladrando las entrañas de nuestra humanidad, las fronteras cerradas,
las inculturas de la dominación,
Nos duele tanto la miseria como la fastuosa abundancia que lleva en vida a la muerte alma.
Nos duele tanto la llaga del separatismo como la herida de una
masificación sin sentido, que ha despojado de su unicidad a cada
individuo.
Duele tanto la vida vivida como una muerte sin gloria ni pena, esa muerte en que muere toda esperanza de vida eterna. .
Nos duelen tanto las dictaduras y los mesianismos, como las
demagogias y democracias sin alma, que con su propuesta de dependencias e
independencias han cerrado el camino de la libertad.
Nos duele sobre todo la inconsciencia que tantas veces se reviste
con la apariencia de erudición o ciencia. Como si hubiéramos aprendido a
nadar la vida por correspondencia, nos ahogamos, sin darnos cuenta, en
las aguas peligrosas de la indiferencia.
Nos duele el hambre de los niños, la muerte de los africanos, el
desgarramiento del medio oriente, las inundaciones que desnudan la
insolidaridad. Duele en el alma esta ya larga ausencia del despertar.
Nos duele el aire enrarecido que respiramos, el agua contaminada que bebemos, la lluvia que nos inunda, el fuego que nos devora.
Nos duele la economía de la indiferencia, los carteles de la
indiferencia, el racismo con su máscara de diferencias. Nos duele la
vida en todo aquello que niega las diferencias
Hundidas en el abismo mismo de la inconsciencia, se derriban hoy
las ilusorias fronteras. Duele la piel de los países y los
continentes, con sus raíces desnudas, sin sus disfraces de muerte. Nos
duele la tierra viva en la muerte del África, en el Sida, el hambre y
la guerra. Todas esas enfermedades que siegan la vida son otros tantos
nombres de la injusticia.
Nos duele a todos la tierra viva. El corazón escucha la voz antigua
de la hermandad. Movidos, removidos, conmovidos, sentimos los ojos
grandes y tristes del hambre, y los vientres vacíos de las madres que
incuban hoy humanidades del hambre.
Que se agite por dentro el dolor y despierte torrentes de amor. Que
no se sequen las lágrimas. Que la angustia taladre en la noche oscura,
hasta el alba humana,.la entraña profunda de la hermandad. Que un
nuevo amanecer revele en otros el ser nosotros, todos, humanos,
hermanos, humanidad, hijos de un solo padre, gotas del mismo mar.
Que el fuego consumidor del amor, Dios en nosotros todos, reduzca a
cenizas siglos de confusión. Que como chispas de una sola llama,
revelemos todos el alma humana.
Jorge Carvajal